Cátedra Ignacy Sachs – PUC-SP | NEF

Palabras de saludo del maestro Juan Pablo Castañón, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, en el encuentro con el Santo Padre Francisco

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Muy buenas tardes, Santo Padre. Gracias por compartir con los que estamos en el mundo del trabajo su visión y su mensaje de esperanza.

Celebramos este encuentro en el que reflexionamos, trabajadores y empresarios, sobre nuestro principal desafío y compromiso: impulsar un desarrollo humano sostenible e integral a través del trabajo, generar oportunidades de vida para las personas, que contribuyan a erradicar la pobreza extrema, disminuir la desigualdad y terminar con la inequidad.

Hoy, 1 de cada 2 mexicanos vive en la pobreza; 6 de cada 10 trabajadores están en la informalidad, es decir, muchos de ellos no tienen seguridad social ni servicios de salud garantizados. Esta realidad es el espejo que nos refleja y nos lacera, pero también lo que nos debe impulsar a la acción y al compromiso.

Debemos reconocer que los esfuerzos de las últimas décadas en contra de la pobreza, no han logrado cambiar la situación. Nosotros también hemos cometido errores. ¿Qué nos falta como sociedad, como empresarios? Reconocer que la persona humana es principio y fin de cualquier actividad económica, social y política, y que el trabajo es un ámbito fundamental para el desarrollo de sus distintas capacidades, y es, el trabajo, el único capaz de romper el círculo de la pobreza.

Nos hace falta concentrarnos y comprometernos con el empleo: un empleo digno, bien remunerado, que se sostenga en el tiempo, que sea promotor de las personas, las familias y las comunidades. Necesitamos todos impulsar prioritariamente políticas públicas que promuevan la inversión y el empleo, para así resolver las causas estructurales de la pobreza, sin buscar soluciones temporales o asistenciales. Porque el trabajo es, como lo señala la Doctrina Social cristiana, la columna vertebral de la cuestión social.

Y el empleo se genera principalmente en la empresa, entendida como comunidad de personas. Así como la familia es la célula básica de la sociedad, la empresa lo es para el desarrollo humano integral que usted nos propone en sus distintos documentos magisteriales Laudato Si’ y Evangelii Gaudium.

La empresa tiene el mandato de adaptarse a los tiempos, evolucionar para sostenerse y seguir generando empleos, pero hoy enfrenta renovados desafíos. La globalización, el cambio tecnológico, los retos mundiales y locales como el cambio climático, la migración y la seguridad, nos obligan a repensar nuestros marcos de comprensión de la realidad en su conjunto.

Las empresas tenemos la urgencia de adaptarnos, innovar y crecer; aprovechando la tecnología, no para reemplazar a las personas, sino para ponerla al servicio de ellas.

Disminuir empleos va en contra de la naturaleza propia de la empresa, porque su función es generarlos y preservarlos, capacitar y promover a los trabajadores para que se adapten a los nuevos tiempos, y que con esto crezcan, ellos y sus familias. Porque el progreso no es sustentable si es A COSTA de las personas.

Es importante decirlo: la verdadera vocación empresarial, la que sentimos los millones de empresarios micro, pequeños, medianos y grandes de este país, no está enfocada en un interés exclusivamente patrimonial. Es mucho más que eso. Tiene una clara dimensión social y trascendente, que es la de crear valor que se traduzca en beneficios para las personas, para las comunidades en las que vivimos y en las que criamos a nuestros hijos.

Eso es lo que mueve y motiva a tantos y tantos mexicanos que hacen un esfuerzo cotidiano para abrir sus negocios y sacarlos adelante, pagar las nóminas, enfrentarse a las decisiones difíciles y las presiones de cumplir con sus trabajadores, cumplir con las obligaciones del estado y también generar ingresos que permitan a la empresa crecer y multiplicarse.

Los empresarios comprometidos sabemos que la empresa la formamos juntos, trabajadores y empresarios, como comunidad, y que debemos transitar en el diálogo, la comprensión y los valores, haciendo cada quien lo que nos corresponde, para crecer juntos, y construir así una sociedad más justa. Un México incluyente.

Su Santidad, amadísimo Papa, los empresarios que represento estamos comprometidos con esta visión: de desarrollo humano, de ética, de sustentabilidad de las empresas y las fuentes de empleo, de inversión de largo plazo y de diálogo y compromiso social.

Los retos de hoy son de todos los mexicanos, pero somos conscientes los empresarios de nuestra particular misión. Porque las oportunidades que hemos recibido, nunca pueden ser vistas como privilegios, sino como compromisos hacia los que menos tienen. Honrar este compromiso debe ser nuestra responsabilidad cotidiana.

Así es nuestro compromiso Santo Padre, de nuevo gracias por estar aquí, por escucharnos y promover el encuentro y el diálogo humano, sincero y solidario.  Rece por nosotros y tenga usted la seguridad que rezaremos por usted; lo hacemos todos los días.

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